jueves, 12 de enero de 2012

SOLEDAD

Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, la SOLEDAD, en una primera definición, es la “carencia voluntaria o involuntaria de compañía”, y da otra más adelante que se acerca un poco más a lo que yo considero la SOLEDAD al decir: “pesar y melancolía que se sienten por la ausencia, muerte o pérdida de alguien o de algo”. Se acerca, aunque tampoco atina del todo con el concepto de SOLEDAD que yo pretendo explicar.

Efectivamente, existe una SOLEDAD FÍSICA, que es la que trata la primera definición. Todos tenemos ratos de SOLEDAD en el sentido de encontrarnos solos en un lugar, sin estar rodeados de gente, sin nadie o con gente que no conocemos y que por tanto, en ese momento, son nadie. Por ejemplo, en casa leyendo un libro mientras los demás están de recados, en unos grandes almacenes haciendo la compra, en una Iglesia en horario de fuera de misas, en el coche volviendo del trabajo, en el cuarto de baño mientras nos duchamos, en un paseo por la montaña o el campo, en un taxi volviendo a casa después de una cena, esos son momentos de SOLEDAD lógica, necesaria e, incluso, buscada. Y son momentos maravillosos de paz absoluta, de descanso físico para uno mismo, para dedicarse un ratito sin nadie te “moleste” o distraiga. Son silencios para meditar o no, para pensar o no, para reflexionar o no. No hay persona en el mundo que no necesite un momento de SOLEDAD física, aunque sólo sea de cinco minutos para centrarse en algo o en nada, para no pensar o para pensar mejor, para meditar o para dejar de hacerlo… Esta SOLEDAD es absolutamente necesaria para vivir y respirar. Pero no debe extenderse mucho en el tiempo, porque puedes llegar a sentirte un completo desgraciado si piensas mucho sobre tu situación. Te acabas obsesionando. Mi padre decía muy sabiamente: “Si quieres ser feliz como dices, no analices”.

La segunda definición habla de la SOLEDAD DEL CORAZÓN. Efectivamente la pérdida de seres queridos y personas cercanas, tras superar el dolor físico que se llega a sentir, la apariencia de parada cardiaca y parada vital y el desgarrón brutal, implica un vacío en el corazón, que aunque no se puede llenar totalmente, poco a poco, se reemplaza con otras personas y por nuevas o antiguas actividades, que aunque en ningún caso consuela ni es comparable a la ausencia de la persona que se ha marchado, si puede ir haciendo el “agujerazo-negro” más pequeñito. Es un parche con mercromina… Siempre queda algo de vacío por una ausencia, muerte o pérdida, eso siempre, siempre, siempre, pero de ser un volcán enorme, con el tiempo, si lo logras, pasa a ser un pequeño lunar en el corazón. Esta SOLEDAD es dura, en algunas ocasiones durísima, pero se supera, el tiempo cura y cicatriza prácticamente todas las heridas y queda un raspón, un arañazo, un mal recuerdo de aquel dolor que se sintió por aquello que se perdió y un gran recuerdo de la persona que nos dejó. Y queda para uno mismo el testimonio maravilloso y el ejemplo imborrable del ser que tuvimos a nuestro lado, que quisimos y que nos quiso, del que tanto aprendimos, y que tanto nos enseñó. Y lo que nos hizo llorar al pensar en esa persona, al final, nos hará sonreír al recordarla.

Esta SOLEDAD se hace extensiva a la dejada o abandono de un novio o amor. Y sobre ésta ya escribí en "DOLOR DE CORAZÓN".

Falta en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española la definición de la peor de las SOLEDADES. La SOLEDAD psíquica, la SOLEDAD psicológica, la SOLEDAD del espíritu, LA SOLEDAD DEL ALMA, que es la peor de todas con muchísima diferencia. Es la que te puede llevar a no querer vivir la vida que tienes, es la que hace sentir con ganas de echar, literalmente, a correr, ¿hacía donde?, da igual, hacia ninguna parte, lo suyo es irse, huir.

 Hay varias formas de sentir la SOLEDAD DEL ALMA:

- Cuando estás rodeado de gente y te sientes solo. En una cena, en una boda, en un concierto con amigos, es mirar a los lados y ver que, por mucho que te “acompañen”, estás solo. Tu corazón está sólo. Tu vida está sola. Tienes la sensación de estar desubicado, porque, aunque te lo estés pasando aparentemente bien y sea un planazo, tú no quieres estar allí. Quieres marcharte. Quieres salir corriendo. Te importa una leche lo que te vayan a contar, te importa una leche lo que el receptor piense de lo que vas a contar, porque en realidad, tú no quieres estar allí, no quieres hablar con nadie. Quieres estar a años luz de ese lugar, y no necesariamente quieres estar con otra persona, o si, quizá incluso quieres estar solo pero de verdad, no rodeado de tanta gente que te demuestra y te hace ver, de verdad, lo solo que estás.

- Cuando tienes un problema y no tienes a quien contárselo. Y me refiero a un problema de los gordos, algo que has de contar en confianza, en confidencia. Miras alrededor y no hay nadie. Coges la guía de teléfonos y no tienes a quien marcar y gritar: “Ayúdame!”… Y no entiendes por qué has llegado a esa situación de SOLEDAD, en qué momento cerraste todas las ventanas de tu vida a las personas que te rodeaban, cuando diste el portazo definitivo que te llevó a no tener a quien acudir, y te torturas con un por qué lo hiciste, por qué no te quisiste fijar en que te alejabas de los demás, cómo centraste tanto tu vida en algo o alguien que te llevó a dejar de lado a todo lo que había antes de que apareciera. De esta SOLEDAD se sale y se aprende. Se aprende mucho. Esta SOLEDAD sirve de escarmiento y tiene moraleja. Te hace entonar un: “Nunca más”… Porque los que nos rodean son necesarios para la vida. Porque la vida no es para vivirla solo, sin nadie, la vida es y está para compartirla, pero eso o viene innato en ti, o lo aprendes a base de leches en solitario. Cuando recibes una leche en solitario es cuando te das cuenta de que no quieres volver a pasarlo así. La leche, vendrá, fijo, seguro, pero no en solitario, porque has aprendido la lección. Esta SOLEDAD es una lección de la vida, que en algún momento todos hemos sentido. (Y no vale ampararse en padres y hermanos para reconocer que no estamos solos… esos no valen!!! Esos están siempre, pero porque nos une la sangre, no porque nos los hayamos “currado” de cero. Y lo peor, es cuando no tienes ni a esos…)

- Cuando hay que tomar una decisión. El sentimiento de responsabilidad absoluta al tener que tomar una decisión que afecta a muchos o a uno, y que sólo depende de ti, da lugar a una SOLEDAD enorme, y no me refiero a decidir el lugar donde pasar las vacaciones el verano que viene, porque si te equivocas en esa decisión, no importa!, ya vendrá otro verano e intentarás pasarlo en un lugar más acertado… Me refiero a decisiones críticas en tu vida y que van a afectar de manera determinante a los que más quieres, como puede ser un cambio de residencia a un lugar lejano, muy lejano, como puede ser un cambio de colegio de un hijo, como puede ser una separación matrimonial o una decisión que sabes positivamente que te va alejar para siempre de alguna persona querida, pero has de tomarla. Y aunque en muchas ocasiones tienes gente alrededor que te apoya, que te da su cariño, que te comprende, que te aconseja, que te mima, que estará a tu lado sea cual sea tu decisión, que no te juzga, que te llama para decirte “hola! solo te mando un beso”, “qué tal? Quería oir tu voz!” porque te quieren, porque saben lo que estás pasando, y aunque, en algunos casos, no lo entiendan, te respetan, porque saben que no pueden decidir por ti, pero quieren dejarte claro que no estás sola, la decisión, al final, es tuya, tú eres el responsable y de ti depende la felicidad de esas personas, y sientes incertidumbre, vértigo, miedo ante la posibilidad de escoger la opción incorrecta y con ella destrozar y destruir a alguien a quien quieres de verdad y acumular otro fracaso en tu lista de “peros-vitales”, pero por otra parte, no tomar una decisión puede llevarte a vivir siempre en un “si hubiera”, y lo que es peor, con el tiempo alguien puede decirte “si hubieras”, que duele todavía más…

La SOLEDAD, en cualquiera de sus modalidades es, al principio de tu vida, una gran desconocida y sólo cuando has pasado por ella te das cuenta del precio que tiene adquirirla y de lo que, en muchas ocasiones, cuesta salir de ella.    

9 comentarios:

El 16 en discordia dijo...

Que palabra más fea.
Afortunadamente,no conozco a nadie con una soledad absoluta.Es más quiero creer que todas las personas que piensan que están solas,realmente no lo están.

TORO SALVAJE dijo...

Sé lo que es la soledad del alma.
Venía en mi pack genético.

Besos.

Mara dijo...

16: A mi no me parece que la palabra SOLEDAD sea fea... Lo que me da es MIEDO, mucho MIEDO...

TORO: En ocasiones, la SOLEDAD FÍSICA se convierte en SOLEDAD DEL ALMA, pero depende de ti, y solo de ti que se convierta. Si puedes remediarlo, hazlo!

El 16 en discordia dijo...

Efectivamente,miedo es la descripciòn perfecta.Pero la palabra es un poquito fea.

Sergio dijo...

Triste la soledad, pero sobre todo cuando ésta es forzada y se realimenta de si misma. La soledad como opción no es mala, incluso es una posibilidad de re-encontrarse, cuando es impuesta y se aprende la lección también implica una evolución, que a medio plazo se agradece.
Lo duro no es la soledad en sí, sino la añoranza.

Beatrice dijo...

Me gustaría creer que todos tenemos algo/alguien que nos puede sacar de la soledad, cualquiera que sea.

Yo nunca me he sentido sola a morir, me se hija de mi Padre.¡Si todos le conocieran...!

Me gusta la frase de tu papi: “Si quieres ser feliz como dices, no analices”. ¡Que sabio era tu padre! ¡Qué gran corazón! Nunca dejaría que alguien se sintiera solo. De nosotros también puede depender que los demás etén y no se crean solos.

sin más palabras dijo...

La peor sin duda “la Soledad del Alma”. Te he dicho que sé escuchar?

Mamen Martin dijo...

A mi tambien me da miedo, muucho miedo, la soledad en cualquiera de sus vertientes, sobre todo si es impuesta y no voluntaria, yo por eso me siento una mujer afortunada.

Anónimo dijo...

Que bien has descrito la soledad, he vivido, para mi desgracias todas, irme a vivir con niños pequeños a un sitio desconocido, para mi, en todos los conceptos, la pérdida tan dolorosa e indescriptible de perder a mis padres, la soledad entre todo el mundo, pero una terrible es la de tener mucho miedo y no poderlo decir para no lastimar a los que te quieren, la soledad que solo puedes compartir con Dios, ahí amigo o crees o estas j....

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