jueves, 15 de marzo de 2012

DA QUE PENSAR...

Es maravilloso, absolutamente maravilloso, como han avanzado en unos años las telecomunicaciones…

En el año 94 (antesdeayer como quien dice), tuve que localizar a todos mis hermanos ante el fallecimiento repentino de mi padre. Ya he dicho que tengo cuatro hermanos. Mi padre tiene una única hermana.

Ninguno tenía móvil en ese momento, porque en el año 94 arrancaba en España la telefonía móvil y en lugar de microteléfonos se llevaban auténticas cajas de zapatos portátiles para poder hablar, e incluso algunos “móviles” llevaban la teleoperadora colgando… Quizá alguno de mis hermano lo tuviera, pero yo desde luego, desconocía totalmente el número.

Por carambolas de la vida, yo sabía donde estaban todos, o más o menos intuía donde podía localizarlos…

Mi hermana mayor menor estaba cuidando de lo más valioso que tiene, por eso fue fácil saber donde estaba y allí llamé directamente. Tardé diez minutos en dar con ella y una hora en que llegase a mi lado.

Mi hermana mayor mayor todos los sábados iba a la casa de campo de su suegra a pasar el día, y tras rogar a la telefonista durante un rato, conseguí que me diera un número de teléfono fijo de esa casa. Lo que hizo aquella mujer fue totalmente ilegal, pero entiendo que oir llorar y llorar a una niña, suplicando un teléfono, le hizo darse cuenta de la urgencia. Tarde casi dos horas y media en dar con ella.

No sé porqué, después de llamar a su casa un millón de veces, decidí que mi hermano mayor mayor estaba en casa de una amiga que yo conocía y de la que tenía el teléfono, y allí llamé… Efectivamente estaban allí pasando el día en la piscina. No sé qué me hizo llamar a aquella casa, quizá fue el primer favor que le pedí a papá sin darme cuenta… Tardé una hora larga, casi dos, en dar con él.

A mi hermano mayor menor, no le pude localizar. No pude dar con él. Sabía que estaba de barbacoa en casa de unos amigos, pero no de qué amigos. Dejé un mensaje con la fatal noticia en el contestador de su íntimo amigo y le dejé una nota en la cama, diciéndole que papá se había puesto malito, que no se asustase, que se acostase y que esperase al día siguiente a recibir instrucciones, porque no sabíamos si vendríamos a Madrid o se quedaría ingresado en el lugar donde estaba de veraneo (Claramente volveríamos a Madrid con papá, pero eso no se lo quería decir por escrito)… Con esta mentira, piadosa, lo que quería evitar era que si llegaba tarde (o temprano) a casa, después de un día entero, con su noche correspondiente, de barbacoa, copas, cañas, juerga, baile, en un momento de valentía e inconsciencia se echase literalmente a la carretera con el coche y tuviésemos que lamentar dos golpes en lugar de uno. Gracias a Dios su amigo llegó a su casa antes que él a la mía, escuchó el mensaje y se fue a buscarle a la discoteca… Los dos son médicos y muy, muy, muy amigos por lo cual, poco tuvieron que decirse, poco había que mentir, ni disimular… Su amigo se vino a casa a dormir con él.

A la hermana de mi padre no la pude localizar, y al día siguiente, que era su cumpleaños, llamó a la casa de mi pueblo cántabro del alma para que su hermano amadísimo la felicitase… Un horror… Una pena… Pobrecita…

Esto, hoy por hoy, no hubiese pasado. Hoy por hoy, les hubiese encontrado a todos en un “periquete” y si no hubiera hablado con ellos, con un sms preocupante y urgente, hubiera tenido su llamada en treinta segundos o minutos… Nadie se hubiera quedado “colgado”… Hoy por hoy es prácticamente imposible no localizar a alguien, salvo que no quiera ser localizado ¡claro!, pero por lo general, si quieres encontrar a alguien, le encuentras, y si no le encuentras, dejas rastros suficientes de que le estás buscando, y así, cuando al declarado en rebeldía o desaparecimiento le salga de las narices dar señales de vida, sabrá perfectamente cuantos miles de personas le quieren “matar” a planes o preguntas.

En un aparatito que nos cabe en la palma de la mano tenemos: una línea de teléfono para hablar, un mensajeador vía mail, vía whatsapp, via sms o via messenger en el caso de la Blackberry, una tele para ver videos, una radio para escuchar noticias, una consola para jugar, una agenda que nos avisa de los cumples y los pediatras, un gps que nos ubica en el lugar exacto en el que estamos con un índice de error de diez metros como mucho, un reproductor de música, una cámara de fotos y video, una línea de Internet que nos permite sacar billetes de avión, pagar con la tarjeta, reservar hoteles, coches, comprar lo que sea, encontrar calles, buscar restaurantes… Desde un aparatito minúsculo podemos actuar en casi cualquier parte del mundo como si no nos hubiésemos movido del sitio, ya nadie te dice “cuelga que es conferencia” cuando estás en Cáceres, ya no tienes que llamar para avisar de que estás bien, porque ubicas tu cuerpo en un lugar, lo cuelgas en Facebook y todos tus amigos saben donde andas… Es estupendo… ¡¡¡Cómo ha avanzado todo y cómo nos facilitan la vida estos avances!!!

Es cierto que cuando estás pasando por un momento “regu” recibir mensajes y llamadas de personas que se interesan por ti, que te mandan un beso, que te dan ánimos es estupendo, pero también es verdad que hay momentos en la vida en que te gustaría desaparecer, que nadie te viera, ser transparente, que nadie se acordase de tu existencia, y el aparatito en cuestión no deja de sonar, y de recibir textos que tienes la obligación moral de contestar… Y hay muchos momentos en que no te apetece hablar de nada, o con alguien en especial y si no contestas a sus mensajes y llamadas quedas de culo, por lo tanto, la ayuda que supone tener al lado un teléfono móvil para momentos de urgencia, de risas, de buenos ratos, es un estorbo para aquellos momentos en los que quieres estar sola o con alguien sin que nadie te moleste.

El móvil nos ayuda a estar más cerca de todo el mundo, pero … ¿y los que están en el sofá de al lado? ¿Nos ayuda el móvil a estar más cerca de ellos? Normalmente, le dedicamos tanto tiempo al aparatito en cuestión, contestando mensajes, buscando información de videos, fotos, tiendas, que nos pasamos largos ratos sin hablar con los que están sentados a nuestro lado en el sofá de casa… Estamos muy cerca de los que constituyen la gran agenda de nuestro maravilloso teléfono, si, pero nos alejamos y nos alejamos de los que de verdad son los nuestros, de los que no necesitamos mensajear porque con levantar la cabeza o los ojos están. Y no nos damos cuenta, no es falta de interés por la vida de los de al lado, no somos conscientes, pero poco a poco, dejamos de compartir situaciones y conversaciones con nuestros “prójimos” y sin maldad ni malicia la marea telefónica nos lleva y dejamos de hablar con los de nuestro alrededor con la boca, para hablar con los que están lejos con las teclas… Y debemos ser conscientes de que los que hoy están a nuestro lado, no son eternos y algún día se pueden marchar y podemos echarles de menos.

Y esto es así, es triste, tristísimo, pero es así…

Hace unos meses, en el mes de octubre, el AVIADOR me mandó un video al que tituló “DA QUE PENSAR”, y me sorprendió y a la vez me encantó, porque reflejaba algo que en muchas ocasiones sucede sin que nos demos cuenta… En aquel momento, me dio que pensar, y hoy me ha dado que pensar y que escribir… Espero transmitir lo mismo que me transmitieron, porque efectivamente “Da que pensar”… No os asustéis sólo dura un minuto y medio…


7 comentarios:

Beatrice dijo...

El móvil nos puede tener enganchados. A mi lo que me engancha es el blog (el mío), por eso estoy haciendo la penitencia de dejarlo un poco de lado, así no les robo a los míos sus ratitos.

Cuando empezaron los móviles los veía algo estúpido, innecesario, pero ahora ... me parece de gran utilidad. Es cuando salgo de casa, por la calle, cuando puedo hablar con mis amigas. Ese es el único uso que le doy, de momento, nada de Internet.

Mara dijo...

No dejes tu blog de lado!!! Intenta escribir en momentos en que no les robes tiempo a los tuyos, pero no lo abandones!!! Un beeeeEso

TORO SALVAJE dijo...

Estamos tan pendientes de las comunicaciones que a veces nos olvidamos de lo sencillo.

Besos.

Beatriz dijo...

Yo personalmente vivía mucho más feliz sin móviles..
Me encanta el video del Aviador, no puede ser más real.

El 16 en discordia dijo...

Creo que con moderación es una herramienta muy útil,
para comunicarte con gente a la que no ves a menudo o para una urgencia,pero para........Oye fulanita ¿Has visto lo que le ha pasado a menganita?.........Si ya me lo han dicho....Que faena ¿No?.....pues si,por cierto,nos vemos en 10 minutos para desayunar........
Joder,cuéntaselo dentro de 10 minutos.
Y no me estoy inventando nada.

Anónimo dijo...

Jajaja, me ha hecho mucha gracia el comentario del 16, porque eso exactamente es lo que opinaba mi padre del teléfono (no móvil): ¡que eso es para dar un recado, no para enrollarse...!
Lo del vídeo es muy cierto, pero yo creo que, como todo, si lo utilizamos con medida, no es malo. Los tiempos cambian, y para bien o para mal, estos aparatejos nos han instalado en la cultura de la inmediatez.
La historia de tu padre me ha recordado la muerte de mi hermano, en el 92. Pleno verano, todos de vacaciones, y fue algo inesperado. Dios quiso que la mayoría de nosotros estuviéramos aquí, pero otro de mis hermanos veraneaba en la sierra. Y no tenían teléfono. No móvil, sino teléfono. Gracias a Dios, en la aldea más cercana, el bar/supermercado y todo lo que se te ocurra, también tenía teléfono. Y allí llamaron, y alguien tuvo la amabilidad de ir a buscarle...
Efectivamente, de una u otra manera, terminas enterándote de las cosas. Pero si a mis hijos o familia les pasa algo, y la tecnología me lo permite, prefiero enterarme a los 5minutos, no a las 5 horas.
¡Vaya tesis he soltado!

La sonrisa de Hiperión dijo...

De nuevo por tu casa, disfrutando de las cosillas que nos dejas. Siempre un placer.

Saludos y buen fin de semana.

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